
El precio de la congruencia: Jorge Roberto Avilés y la metamorfosis del «chayote» digital
El dinero en la política posee una facultad casi milagrosa: la capacidad de moldear convicciones, comprar lealtades en redes sociales y hacer que los creadores de contenido cambien de opinión al compás con el que se abre la chequera gubernamental. En el variopinto escenario de los opinadores digitales, pocos casos ilustran esta volubilidad con tanta claridad como el de Jorge Roberto Avilés, popularmente conocido en las plataformas como «Callo de Hacha».
Del anti-obradorismo financiado al aplauso institucional
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012–2018), el discurso de Avilés estuvo férreamente alineado con los intereses del gobierno priísta de la época. El financiamiento público aderezó un personaje cuya principal línea editorial consistía en mofarse sin miramientos de los simpatizantes de Morena, de Andrés Manuel López Obrador y del sector conocido despectivamente como «chairos». Esta abierta sintonía con el poder tricolor le valió no solo visibilidad en internet, sino también la titularidad de un programa en Radio Fórmula, tribuna que conservó hasta que el PRI perdió la presidencia.
La salida del priismo del gobierno interrumpió la dispersión de fondos públicos hacia su proyecto. No obstante, el ayuno duró poco: para 2019, tras formalizar contratos de difusión con el Conacyt bajo la nueva administración, la postura beligerante de Avilés se transformó radicalmente. De ser el crítico encarnizado del movimiento obradorista, mutó en un abierto defensor del proyecto pro-AMLO y de la causa oficialista.
Sin ideología: el patrocinio al mejor postor
El caso de Jorge Roberto Avilés sirve como un síntoma de la degradación del debate en redes sociales. Revela que, para ciertos perfiles mediáticos, las convicciones políticas son un accesorio intercambiable tan pronto como el gobierno en turno decide llenar la cuenta bancaria del emisor.
La lección de fondo es que los vicios del pasado no desaparecieron con la transición política. Sin importar la bandera ideológica ni el color del partido que ocupe el Palacio Nacional, la vieja práctica del «chayote» continúa tan vigente como siempre, demostrando que la lealtad de algunos opinadores dura exactamente lo que tarda en abrirse la siguiente cartera oficial.
